El trabajo reutiliza los vectores de persona como instrumento diagnóstico para describir qué conductas aparecen por defecto, cuáles aumentan mediante intervención y cuáles resisten el protocolo de extracción. Construye 53 rasgos en cuatro dominios, 17 clínicos, 19 genéricos, 8 educativos y 9 agénticos, y estudia Qwen3-8B y gpt-oss-20b. Para cada rasgo resta activaciones medias de respuestas positivas y negativas, inyecta el vector en cinco capas con coeficientes de 0 a 2,5 y puntúa la expresión con gpt-oss-20b como juez. La clasificación usa umbrales descriptivos: natural si el baseline es al menos 70, steerable si parte bajo y gana al menos 10 puntos, e intractable si no produce señal utilizable. Los nueve rasgos agénticos resultan naturales en ambos modelos; en clínica coinciden en seis naturales, y un único psicólogo considera deseables seis de ellos dentro de 16 coincidencias sobre 17 etiquetas. En Qwen, 171 pares genéricos producen 64 interacciones constructivas, 67 dominantes y 40 destructivas; todas las destructivas contienen dos rasgos steerable. Un vector de “evil” extraído de un fine-tune menos seguro eleva en el modelo base la puntuación hasta 61,61 ± 44,42, con gran dispersión. Estos resultados describen efectos sobre salidas, no mecanismos ni coordenadas semánticas únicas. Faltan controles con vectores aleatorios equivalentes, etiquetas permutadas y barridos negativos; el juez evalúa también sus propias generaciones y solo se contrasta cualitativamente en tres rasgos. Las varianzas completas existen para 22 de 53 rasgos, el experto es uno y solo se prueban dos modelos. El artículo promete liberar artefactos benignos tras aceptación, pero en la versión auditada no hay código, datos ni salidas públicas para reproducir las tablas.
Pregunta de investigación
¿Puede un mapa amplio de vectores de persona distinguir conductas naturales, amplificables y resistentes, y cómo interactúan los rasgos al combinar vectores?