Gupta, Song y Anumanchipalli someten la administración directa de cuestionarios humanos a dos controles sencillos: sensibilidad al prompt y simetría ante el orden de las opciones. Usan los 300 ítems IPIP-NEO, 60 por cada dominio OCEAN, con ChatGPT/gpt-3.5-turbo y Llama 2 Chat de 7B, 13B y 70B. Cada ítem se presenta mediante tres plantillas tomadas de trabajos previos: elegir A–E según la exactitud de una autodescripción, responder 1–5 según cuánto se parece al modelo una descripción y puntuar 1–5 el grado de acuerdo. Después se invierte el orden de A–E, el significado de 1–5 o la dirección agree–disagree, y el scoring se vuelve a orientar para que 5 conserve el significado de mayor presencia del rasgo.
Las medias cambian de forma material. En ChatGPT, por ejemplo, la apertura pasa de 4,48 con Prompt-1 a 3,32 con Prompt-2 y 2,57 con Prompt-3; consciencia de 4,35 a 3,30 y 2,53; extraversión de 4,57 a 3,22 y 2,47. La inversión también desplaza resultados: el Prompt-3 original de ChatGPT produce 2,47–2,68 según rasgo y el invertido 3,22–3,60. Los Llama muestran otros patrones, no una escala común. Con Mann–Whitney U a α=0,05, el paper declara diferencias en 29/30 contrastes para ChatGPT, 24/30 para Llama-2-7B, 26/30 para 13B y 19/30 para 70B. Esta evidencia apoya con fuerza que un score aislado depende de decisiones administrativas que no deberían definir una personalidad.
La inferencia estadística publicada, sin embargo, no respeta el diseño. Cada comparación contiene los mismos ítems bajo dos condiciones, por lo que las observaciones están emparejadas; Mann–Whitney supone muestras independientes. Tampoco se corrigen 30 contrastes por modelo, no se informan tamaños de efecto o intervalos, y los outputs inválidos se eliminan silenciosamente. El texto dice que cada distribución contiene 60 observaciones, pero el artefacto oficial solo permite puntuar 6.891 de 7.200 respuestas: ChatGPT conserva 1.799/1.800 y los Llama 1.673, 1.708 y 1.711; algunas celdas tienen 47–59 respuestas, no 60.
La auditoría recalculó los contrastes en los mismos outputs, emparejando por ítem. Wilcoxon sin corrección mantiene 29/30 diferencias en ChatGPT, 23/30 en 7B, 24/30 en 13B y 21/30 en 70B. Tras Benjamini–Hochberg dentro de los 30 contrastes de cada modelo quedan 29, 22, 23 y 18. El patrón principal sobrevive, pero las cifras publicadas no deben repetirse como si fueran una prueba exacta de fiabilidad. Además, las tres plantillas no son estrictamente equivalentes: preguntan por exactitud descriptiva, semejanza con una persona y acuerdo, con anclajes y pragmática distintos. Parte de la variación puede ser sensibilidad indeseable y parte respuesta a marcos de medida realmente diferentes.
El trabajo acierta al exigir que cualquier score de personalidad sea estable ante controles razonables y al recordar que preguntas como «me gusta ser el centro de atención» presuponen memoria autobiográfica e introspección. No obstante, estudia una sola escala, un idioma, cuatro modelos de 2023, seis formatos y una ejecución casi determinista. Demuestra que esta administración directa de IPIP-300 no ofrece scores robustos bajo sus condiciones; no demuestra que toda forma futura de medir tendencias de un modelo sea imposible ni resuelve qué significaría «personalidad» en una máquina.